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lunes, diciembre 03, 2012

Lunes de cuento

 

Cuestión de hilos

Cuento 4

El fin de semana había empezado de una manera estupenda. Levantarse sin prisas, disfrutar relajadamente de un buen desayuno y planear el día le encantaba.

Había esperado este par de días con impaciencia. Quería preparar un regalo a una amiga especial y por eso hacía tiempo que tenía encargados unos preciosos hilos con unas tonalidades que le recordaban al otoño y que justamente el cartero había dejado en su buzón el día anterior. Los colores recorrían todos los tonos que van adquiriendo las hojas a lo largo de la estación. Se veían preciosos.

 

 

 

La pequeña de la casa iba y venía a su alrededor , merodeando de manera inquieta sin dejarla concentrarse y saborear el momento. Observaba a su madre mientras jugueteaba con Anita.

Anita era su pequeña muñeca, un bebecito que lo Reyes Magos le habían dejado el año anterior y que no soltaba ni para ir a dormir.

Sin embargo lo preparó todo con cuidado orden. Hojeó las hojas del proyecto, colocó los hilos, planchó el lino y contó las siete anillas de madera que había guardado durante tanto tiempo como un tesoro. Nunca las había vuelto a ver iguales desde que las compró en una pequeñita tienda de un pequeñito pueblo de León. Al parecer las hacía un artesano del lugar y por eso todas tenían vetas diferentes.

 

 

Durante un pequeño rato lo miró todo como si de una niña se tratara deseando mordisquear un buen pedazo de pastel. Sí , el día iba a ser fantástico.

 

 

Una llamada de teléfono la distrajo un momento y la chiquilla desapareció de su vera mientras terminaba la conversación. Al reanudar su tarea algo alteró su apacible día. Sus maravillosos hilos tostados habían desaparecido junto con una de las anillas. Miró a un lado y a otro, en el suelo, junto al teléfono que había dejado... nada , los hilos no estaban.

En ese momento de preocupación e inquietud apareció la pequeña con Anita. Ella respiró tranquila y planeó una explicación.

La muñeca lucía una maravillosa melena color miel y una original pulsera.

 

 

Mercedes Jiménez



Ps. La escritura y fotografías de este cuento pertenecen a su autora, no realizando ninguna copia para cualquier ejercicio o actividad.




 

 

 

 

lunes, noviembre 19, 2012

Lunes de cuento

¡Qué pequeño es el mundo !

Cuento 3

" Rebuscando en un cajón , había encontrado una postal suya. Era de un bonito sitio, muy pintoresco, de esos que la gente suele disfrutar en verano. La volvió a releer y sonrió. Hacía tiempo que no sabía nada de Catalina ... Ya no se oyen nombres como el suyo, pensó. Las amigas solían llamarla Cati cariñosamente, ella también, menos cuando de pequeña se acercaba hasta su casa y gritaba su nombre para que apareciera por el balcón. Entonces era Catalina.

Se conocían bien de pequeñas. Compartían gustos , se entretenían charlando de sus cosas y les encantaba pasear por la vereda del río, mientras iban tarareando alguna canción de moda. Sólo el chasquido que hacían las pipas al tenerlas entre los dientes, les hacía callar un poco.

 

Eso sí, recordaba perfectamente cómo iban juntas a comprar una revista de moda al quiosco y en un banco sentadas, devoraban las hojas comentando lo que llevaban puesto esas elegantes señoritas que perfectamente aparecían como maniquíes, quietas, inmóviles, con una sonrisa artificial que a ellas les encantaba imitar. Así un mes tras otro.

Pero el tiempo las había distanciado un poco. Sus padres habían tenido que trasladarse a una ciudad más grande y ya sólo se veían en verano. Ella siempre pensó que Catalina tenía voz de radio, de esas únicas que llaman la atención y te atrapan sólo con su sonido.

Se enteró que había acabado los estudios con éxito y se decidió a llamarla por teléfono. Nadie contestó. Quizá otro día, se dijo. Pero los días pasaron y pasaron y nada más supo de ella. Parecía que se la había tragado la tierra.

Ella la echó de menos, pero otras amistades ocuparon su vida y Catalina quedó en el recuerdo, siempre en su memoria.

Un día se acercó a una de esas ferias de moda con un grupo de conocidas. Ahora su trabajo tenía que ver con ese mundo y no era raro que tuviera que codearse con los diseñadores más importantes del país.

Se sentaron en la segunda fila para ver el desfile. Había cierta expectación por una nueva colección presentada por un joven emprendedor. Todo estaba listo, incluidos los teléfonos móviles para llevarse una instantánea del momento. De pronto, detrás de ella oyó una voz que le resultaba familiar, una voz como de radio que años atrás había quedado guardada en su memoria. Se dio la vuelta y buscó con atención. No podía creerlo. Dos filas más atrás una mujer bien arreglada charlaba amistosamente. El corazón le dio un vuelco y la reconoció al instante. Estaba a un par de metros de Catalina.

El desfile acabó y ella la buscó apresuradamente entre en público que ya se dirigía hacía la salida con cierta tranquilidad.

Tocó su hombro y Catalina se dio la vuelta. Se quedó mirándola fijamente con cara de extrañeza. De pronto sus facciones fueron cambiando hasta que una sonrisa le llegó de oreja a oreja y sus ojos se abrieron tanto que no le cabían en la cara.

Se abrazaron, rieron, hablaron, se volvieron a abrazar y salieron del brazo juntas como cuando solían pasear junto a la vereda del río, hace ya tantos años. "

Mercedes Jiménez

Ps. La escritura y fotografías de este cuento pertenecen a su autora, no realizando ninguna copia para cualquier ejercicio o actividad.

Gracias portu lectura. Nos vemos el lunes próximo.

 

Mercedes

 

lunes, noviembre 12, 2012

Lunes de cuento

Cuento 2

La abuelita Micaela

" Había sido una noche agotadora. La pequeña no había dejado de toser y de llamarla cada dos por tres. Seguramente había cogido frío en el pecho el día anterior en una excursión al campo.

Por fin había caído rendida a primeras horas de la mañana, dándole un respiro.

Dudó en volver a la cama y recuperar las horas de sueño que había perdido durante el trasiego nocturno.Mejor tener a mano algún medicamento que aliviara su vocecita cuando se despertara.

En una cómoda de su dormitorio los tenía guardados, a salvo de sus menudas manos.

 

Debajo de los jarabes encontró un tapete que la abuelita Micaela le había regalado hace mucho. Casi lo tenía olvidado.

La abuelita Micaela era una mujer menuda. Salía a trabajar al campo muy temprano y cuando todos estaban acabando el desayuno, ella volvía a casa ... a continuar con las labores del hogar.

Sus manos hablaban solas...ajadas por el tiempo y curtidas por el trabajo. Siempre encontraban su descanso en esa hora de la tarde en la que las jóvenes, bien peripuestas, salían a darse el paseo en busca de novio.

Antes, como una especie de rutina diaria, barría con gracia la puerta de su casa y la regaba con la ayuda de un cubo. Sólo la entretenía alguna vecina que de vez en cuando pasaba por allí y le daba algo de conversación.

Luego sacaba la silla con asiento de enea y, con mucha parsimonia, rebuscaba entre los bolsillos de su delantal una pequeña bolsa de cuadritos azules que se cerraba con un cordel.

Ella la recodaba perfectamente, como si se hubiera quedado allí congelada en el tiempo, en su memoria, haciendo una y otra vez lo mismo. Lo que más le gustaba.

Sus huesudos dedos estiraban con cuidado una hebra de fino hilo que acababa en un ovillo de color blanco, no más grande que un puño. Después, preparaba una aguja de ganchillo, con la cabeza tan fina que nadie diría que podría sostener el hilo. Sin embargo, ella lo conseguía.

Un estudiado y veloz movimiento de dedos la hacían entretenerse con tanta atención que parecía que el mundo estaba parado a su alrededor. Era fácil quedarse embobado viendo tan increíble hazaña...

Sus recuerdos se perdieron un instante en el tiempo. La pequeña había vuelto a toser y de nuevo estaba en la realidad. Por suerte se calló y siguió durmiendo como si nada.

Entonces ella decidió prepararse un café con una deliciosa espuma, saborear una de esas nuevas magdalenas y distraerse leyendo su revista favorita de decoración.

 
Colocó debajo el tapete de ganchillo de la abuelita Micaela y volvió a sus pensamientos que tan feliz la hacía. Sólo tenía un rato más hasta que la niña le ocupara su tiempo."



Mercedes Jiménez

Ps. La escritura y fotografías de este cuento pertenecen a su autora, no realizando ninguna copia para cualquier ejercicio o actividad.

Gracias por tu lectura. Nos vemos el lunes próximo.

 

 

lunes, noviembre 05, 2012

Lunes de cuento

Cuento 1

LLa hoja que quería ser hoja


"Se había levantado esa mañana con el firme propósito de acabar algo. Quizá algo rápido que alimentase sus ganas de tener un pequeño tesoro salido de sus manos.

Echó un vistazo entre sus cosas. Parecía que el tiempo empezaba a estropearse y que alguna nube dejaba dormido el sol por unos instantes. No le importó, tenía todo el tiempo del mundo para decidir cómo regalarse unas gratas horas para sí misma.

Algo de ganchillo sería rápido . Le gustaba lucir uno de esos broches que tan de moda estaban.

Se puso a ello y sin darse cuenta, tras hacer varias pasadas con una cálida y alegre lana, una flor había brotado de sus manos.


La miró con interés y pareció no convencerle. Quizá algo simple.

Recordó entonces que en uno de sus libros había visto un broche en forma de cereza que en su día le había llamado la atención.

Rebuscó entre sus lanas y escogió un bonito verde hoja y un rojo fuego. Perfecto. Eso daría color a su otoñal chaqueta y algo de alegría para el resto del día.

Trasladó sus cachibaches ...aguja, lanas, libro y tijeras... a un lugar más soleado de la casa. La terraza que acababa de amueblar con una sencilla mesa de madera y silla a juego, le parecía el sitio más idóneo.

Por si acaso y si le daba algo frío , se llevó también una de sus pequeñas colchas para arroparse las piernas.

Cerca,junto al parque, se oían las voces de algunos chiquillos que juegueteaban con las primeras hojas recién caídas del otoño.

Empezó tejiendo una hojita. Siguió todos los pasos sin saltarse ni un solo punto del patrón.

Desde su balcón echaba fugaces miradas a los niños que ya estaban a su alcance .Uno de ellos parecía algo más distraído en sus cosas...... y eso le llamó la atención.......

De pronto, una suave ráfaga de viento, echó a volar su pequeña hoja verde, verde de lana....

Bailó con el viento. Ella quiso atraparla en un rápido movimiento pero escapó de sus manos, hasta que se posó en el suelo sobre el manto de hojas amarillas, ocres.... rojizas.

Apoyada en su barandilla, observó cómo el niño que había captado su interés, se acercaba a su hojita y la cogía entre sus pequeñas manos.

La miró, la acarició y de pronto, alzó su mirada hacia la de ella.

En un punto , en el aire, las dos se cruzaron. Ella le sonrió y él volvió a mirar su hojita , que salió de nuevo despedida hacia el suelo por un leve aliento del viento.

Sus pequeñas manos volvieron a rescatarla.

Dudó..... pensó ....... y volvió a mirarla. Ella dibujó una sonrisa de nuevo.

Con mucho cuidado , en una pequeña ramita que salía del tronco de un gran árbol cercano, la colocó dejándola sujeta por las hebras de lana.

Sus miradas volvieron a cruzarse. Él la miró fijamente y ella asintió con la cabeza.

Comprendió que aquella hojita de lana quería ser una hoja, una hoja de verdad: respirar el aire, sentirse viva y quizá en algún momento, cambiar de color y fundirse con la tierra.

 

 

 

La escena le pareció tan entrañable que dejó su labor y decidió escribir unas notas en su cuaderno.

Ya habría otro día para volver a retomar la flor alegre que había acabado y,quizá, prenderla de su solapa. "

Mercedes Jiménez

 

¿Te ha gustado mi cuento para empezar la semana ?

El lunes que viene invento otro y te lo cuento.

Ps. Ni que decir que espero respetes mi escritura y fotografía, no realizando ninguna copia para cualquier ejercicio o actividad.